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Súperfinal: la trágica inmensidad de la historia

Una editorial para intentar entender la locura de la "final que no fue". Barras, políticos y dirigentes tras una decisión en la que perdemos todos.

Hace pocas semanas cuando terminamos la edición 76 y aún estábamos atravesados por la excitación de la semifinal contra Gremio sentíamos que, una vez más, River y Gallardo, nos habían puesto ante un momento único e irrepetible. Una semifinal histórica, un resultado adverso, un equipo con agallas, un técnico sancionado que saltaba las restricciones para no dejarlos solos a sus jugadores, dos goles en diez minutos, llantos, alegrías, emociones… Un nueva final.

Fue entonces cuando escribimos esta editorial: “¿Cómo se llama ese preciso momento en que uno se enfrenta con la inmensidad de la historia? ¿Es fácil detectar cuando los acontecimientos que se presentan ante nosotros son esos momento únicos e irrepetibles que dejaran un surco en nuestras vidas? Gallardo no solo somete a los rivales en términos futbolísticos, sino que enfrenta a cada hincha de River a una sensación de constante desafío con la historia”.

Esas sentidas palabras fueron las que encabezaron una revista que llevó en la tapa al Pity Martínez y toda su locura finalista. Una vez más en la historia de este hermoso proyecto periodístico nos enfrentábamos a nuevos desafíos. En pocos días teníamos que pensar una edición superadora, una revista para siempre…
Pero algo salió mal.

El sábado 24 y el domingo 25 de noviembre asistimos a la trágica inmensidad de la historia: “La final que no fue”. Un espectáculo lamentable de violentos que lograron torcer la ilusión de miles y miles de familias que se preparaban para grabar en su memoria un momento único. También fuimos testigos de la mediocridad de la dirigencia deportiva que, aún empeñando su palabra y firmando un acuerdo de caballeros, terminaban priorizando sus intereses espurios para frustrar un partido de fútbol. ¿Qué decir del operativo de seguridad? Fue lamentable, violento e ineficaz. Así lo revelaron miles de nuestros lectores con fotos y comentarios.

¿Cómo se llama ese preciso momento en que uno se enfrenta con la inmensidad de la historia?

A pesar de las adversidades, preparamos a todo nuestro equipo periodístico para poder completar una edición de lujo que ojalá algún día podamos poner en manos de nuestro fieles lectores. Pero antes que seguir pensando en el fútbol y en nuestra pasión por hacer periodismo, desde Revista 1986 queremos dejar en claro algo. Repudiamos enérgicamente la violencia en cualquiera de sus expresiones. Los delincuentes del fútbol nada tienen que ver con la pasión del hincha. Nada tienen que ver con esa comunión de sentimientos que rodea al deporte más popular y hermoso del mundo.

Pero no seamos hipócritas, de nada sirve sumarse al discurso negador de muchos. Los violentos y los barras organizados no nacen de un repollo ni llegan a los estadios argentinos en platos voladores provenientes del más allá. A esta altura, resulta más que evidente la complicidad política y dirigencial con ese fenómeno de degradación social enquistado en el fútbol. La política nacional se nutre de los barras, los manipula, los asocia a sus intereses, les da poder y dinero. En definitiva, los invita a ser parte de un sistema destruido y agonizante minado de grupos de choque que se dejan ver en cada acto político y sindical. Esos patoteros a sueldo mimetizados con la pasión de la ideología militante. La política argentina no sólo usa a los violentos sino que también se camufla en las comisiones directivas de los clubes para rapiñar votos y popularidad. La trágica inmensidad de la historia nos pone a todos frente a un desafío complejo. Quizás el más difícil de la historia del fútbol. Cada uno sabrá lo que tiene que hacer.

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