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Mora, la paciencia del pistolero

Rodrigo Mora volvió al gol tras casi siete meses de sequía. El uruguayo no marcaba desde el 28 de febrero en el empate 2 a 2 contra Flamengo. Morita supo tener paciencia como cuando estuvo nueve meses fuera de las canchas. En el peor momento de su carrera, Revista 1986 lo acompañó en su tediosa recuperación. Un encuentro histórico, para emocionarse.

Por Leandro Vaquila.

Despacito por las piedras. Es la frase que repite una y otra vez Rodrigo Mora, su frase de cabecera. Hace mucho tiempo que la adoptó y a la cual hoy más se aferra. ¿Qué significa este proverbio uruguayo para Morita? “Así como suena, despacito por las piedras. Es una tranquilidad, es como ir suave por la vida, sin apuro. Esta frase la uso siempre porque la usaba mi abuelo y la voy a seguir usando…”. Realmente, el dicho le queda pintado, teniendo en cuenta que tuvo que estar a afuera de las canchas por nueve meses, entre reposo y 90 días en muletas, y siempre con su tranquilidad intacta. Como también, su sonrisa para jugar una broma o hacer alguna locura a los utileros con los cuales comparte mates y charlas o a los kinesiólogos que lo ayudan a volver. En la intimidad del plantel de River ya lo conocen muy bien: loco, tranquilo y feliz. El gran desafío que le puso la vida: una necrosis aséptica en la cabeza del fémur, que le impedía la correcta circulación de la sangre en la articulación de la cadera. La lesión que lo dejó fuera de las canchas tras aquel el Superclásico del 14 mayo, partido en el cual entró en el complemento y disputó hasta los últimos minutos, sin saber lo que se avecinaba.

Revista 1986 tuvo el privilegio de compartir con Morita la intimidad de su recuperación. Fue en el 2017. La cita se dio en Núñez, en un sector particular del club: el natatorio olímpico de River. Una tarde donde los socios del club trascurrían tranquilos, en el medio de su rutina, sin saber que había un jugador que no se tomaba descanso a pesar de que el plantel profesional había entrenado a la mañana. El ingreso de un periodista y fotógrafo irrumpen en el acceso de Avenida Figueroa Alcorta, buscando al querido delantero. El ingreso al natatorio del club resulta extraño para propios y extraños, pasando por el vestuario antes, para por fin, estar a la orilla de la pileta olímpica cubierta. A simple vista no ubicábamos al delantero charrúa, hasta que alcanzamos a divisarlo a un costado del último andarivel de la pileta techada. Ahí, de frente al Monumental, como si fuera necesario tenerlo entre ceja y ceja, el estadio que lo vio gritar un golazo en la semi 2015 contra Guaraní. Nadando hasta la mitad de la pileta, ida y vuelta, bajo la atenta mirada de uno de los kinesiólogos de club. Si bien, alrededor, no había muchos socios, nadie parecía percatarse de la presencia de uno de los referentes del Más Grande.  En pleno ejercicio el uruguayo es fotografiado por el ojo clínico de Fede Peretti. La concentración para su rutina del día es plena, no se inmuta por el ruido de la cámara que dispara una y otra vez. El pequeño gigante de 1,70 metros solo porta antiparras y una calza blanca que le recubre los cuádriceps. Sin gorro para pileta, disfruta de un pequeñísimo privilegio ante los últimos meses de adversidad que debió pasar hasta la fecha.

“El momento más doloroso fue cuando me di cuenta que no podía patear la pelota con mi hijo Máximo”.

Fue difícil, en las noches se me complicaba para dormir, se me hacían largas las noches y cortos los días”. Fueron las palabras que retumbaron al encenderse el grabador en la calidez de Utilería del Monumental, mientras de fondo Pichi Quiroga, utilero del club, se encontraba en plena preparación del manto sagrado para cada jugador. “¿Me vas a dejar estampar mi camiseta?”, fue lo primero que se le ocurrió decir a Mora cuando ingresamos y lo vio a Pichi. El “déjate de joder” y el “viejo loco” fueron las respuestas de ida y vuelta, automáticas. El cariño mutuo se sentía en el ambiente y también, se suele ver en las redes sociales. Allí, Rodrigo se encarga de dar a conocer y mostrar su afecto, desde hace tiempo, por los utileros: Tula, Colo (Ariel) Scarpelli y el ya nombrado, Pichi. El cruce por su camiseta no continua, pero no terminará ahí.

Retoma la palabra el protagonista y relata qué le dan el regreso a los entrenamientos, el viaje cada mañana a River Camp y los ejercicios en la pileta: “Son una actividad que me hace despejar un poco la mente y mantenerme ocupado, que es lo importante”, y aclara: “La recuperación sigue avanzando y sin dolor”.


Antes de dejar las muletas y venir a alentar a sus compañeros, Rodrigo pasó un tiempo recuperándose en su Uruguay natal. Junto a sus amigos, a su familia y a su gran debilidad y razón de ser: su hijo Máximo Mora. Quien, como su papá remarcará repetidas veces, tan solo tiene cinco años.

-¿Dentro de todo lo que pasa, cómo tomaste la posibilidad de estar tanto tiempo con tu hijo?

– A mí me toca tener mi hijo lejos y realmente, de todo lo que me pasó saqué un beneficio que fue estar cerca de él. Hacer el rol de padre, el día a día, llevarlo a la escuela, irlo a buscar. Hay cosas que no había tenido la oportunidad de disfrutar, sino que una vez cada cuatro o cinco meses lo podía hacer y bueno, esta vez me tocó hacerlo seguido, algo que disfruté mucho.

 – ¿A él le pudiste explicar algo? ¿Entiende lo que es esto de la lesión? Porque me imagino también, que le debe haber parecido raro compartir tanto tiempo…

– No, trato de no involucrarlo, tiene cinco años y lo único que hacía era llenarme de amor y llenarme de energía. La verdad que cuando llegó el momento y me vio sin muletas me dijo: “¡Papi, las muletas!”. “No, Papi ya nos las usa más”, le dije y punto final.

– Dentro del tiempo que estuviste en Uruguay, rodeando de seres queridos, ¿hubo algún momento en el que decaíste?

– Lo único doloroso fue que fuimos a una placita y no podía patear una pelota con Máximo. Fue un momento que me tocó pasar y vivir, ahora lo importante es que lo saqué adelante.

– ¿Descubriste algo nuevo en estos meses fuera de las canchas?

– Me hizo pensar muchas cosas, valorar muchas cosas de la vida, disfrutar de todos los momentos. La verdad es que a veces no nos damos cuenta de la salud que tenemos, del club donde estamos, de lo que nos rodeamos, para lo que vivimos día a día. Muchas veces el ser humano se queja de todo… A mí me tocó una lesión complicada, que la voy a sacar adelante, pero ya el estar en una clínica pensando que te van a operar, pensando una cantidad de cosas, me di cuenta que a veces nos quejamos con tan poco… Más allá de lo que me pasó hoy, yo creo que para mí esto es un desafío en la vida para poder superar, es un propósito, y vengo bien, con muchas ganas, muchas pilas. Le voy a poner el cien por ciento de mí para poder volver adentro de la cancha que es lo que amo y disfruto hacer.

– ¿En algún momento tuviste miedo, como por ejemplo antes de la operación?

 Nunca me había tocado operarme. Nunca había estado internado en una clínica, que recuerde. Y miedos no tuve en ningún momento, lo único que tuve fue buena energía y el pensamiento: “Bueno, esto lo saco adelante”. Trataba de preguntarle a algún otro que se haya operado la rodilla y que haya vivido algo parecido. Pero estaba con la mente bien. Los doctores del hospital Italiano, me dijeron que no iba a tener dolor, que me quedara tranquilo que todo iba a salir bien, y cuando me lo dijeron así, los miré a los ojos, y ¿viste cuando una persona te da tranquilidad? Bueno, eso sentí en ese momento. Me quedé tranquilo el día que fui a la operación, la gente me trató excelente, los enfermeros y enfermeras eran casi todos hinchas de River. Dije: “Acá lo único que puedo hacer es entrar sonriendo con buena energía”. Y así como entré sonriendo, salí sonriendo. Y todos me preguntaban si estaba bien. Y yo estaba feliz, porque era algo que tenía que hacer.

“Gallardo me enseño mucho de fútbol, pero también de la vida”.

 

– ¿Qué lugar ocupa River en tu vida?

– Lo de este club es algo especial, me tocaron vivir muchas cosas lindas y por una de las razones que decidí quedarme es porque realmente me sentía feliz acá, River en sí me hace feliz. Todos los días estoy súper adaptado en Argentina, como que encontré mi lugar, ni cuando voy a Montevideo me siento tan cómodo como cuando estoy acá. Y realmente, los hinchas cada vez te sorprenden más, es algo que para poder seguir disfrutando nosotros, tenemos que seguir por la misma senda que venimos; para poder seguir dándoles más alegrías a ellos y ellos acompañarnos todo el tiempo.

– El técnico te mantuvo siempre en la lista de la Libertadores el año pasado, pese a la lesión ¿qué te generó esa decisión?

– Eso realmente es lo que me dio ganas de volver y seguir peleándola, sin bajar los brazos para devolverle todo el cariño que me dieron todo este tiempo, espero poder retribuírselo. 

– Gallardo te pidió apenas asumió y te convenció de quedarte cuando te ibas a ir, ¿ya es más que un técnico en tu carrera?

– Sin duda, con Marcelo hemos hablado mucho, no sólo cosas futbolísticas, sino temas personales. A mí me ha ayudado mucho, me ha dado enseñanzas de vida, porque a mí me tocó vivir muchos momentos difíciles con mi hijo y la verdad que en muchos momentos no sabía qué hacer y cómo manejarme. Cuando se lo conté a él, con plena confianza, me dio su opinión y me ayudó para poder seguir para adelante, lo pude superar. Para mí, más allá de ser un gran entrenador es una gran persona a la cual le estoy agradecido por que todo lo que me ha dado y ayudado.

– ¿Estando sin jugar, pudiste tomar magnitud de todo lo que llevan ganado desde 2014?

– Creo que lo que pasó ya está, ya se disfrutó, ya se vivió con mucha intensidad. Como que River no te deja relajar y mirar para atrás lo que ganaste e hiciste, porque la gente no se queda con el pasado, tenés que demostrar cada vez que se entra a la cancha. Hemos tenido oportunidad de seguir jugando finales y copas, eso es lo que nos da y nos exige Gallardo, que cada partido que tenemos es el más importante. Estemos jugando la semifinal de la Copa Libertadores o los cuartos de final de la Copa Argentina.

Se apaga el grabador y parece que la nota llega a su fin, pero el equipo de la 86 recuerda el pedido de Morita a su querido Pichi Quiroga. Es así como de la galera sacamos la nueva camiseta titular de River para que el delantero se dé el gusto de estamparla. Pichi encuentra el número que le corresponde, pero falta algo: “Después le pongo el nombre porque hay que recortarlo, todavía no lo tengo”, se excusa el utilero, a lo que inmediatamente el charrúa le responde: “Bueno, recortá hermano porque yo en cualquier momento ya la empiezo a usar”.

Las cuatro primeras letras del apellido de Moran Correa son la solución del momento. El oriental baja la estampadora, el calor une el plástico con la tela, suena la chicharra y retira su camiseta. La extiende y la toma por las puntas de los hombros con cada mano y se pone a un costado. Una sonrisa y unos ojos brillosos, llenos de esperanzas, resaltan al lado del lomo del manto sagrado donde se lee: 7 R. MORA.

*La nota completa con Mora la podes coleccionar recibiendo el #68 de Revista 1986 en tu casa. ULTIMOS DISPONIBLE. Entrá a la Tienda 86. 

 

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