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Salvemos al Monumental

Una investigación publicada por Revista 1986  revela detalles inéditos de cómo fue construido el estadio. El rol de Antonio Vespucio Libertí. Porqué es mentira que los militares fueron clave en la remodelación previa al Mundial de 1978. En medio de las versiones sobre la posibilidad de una mudanza o una reforma integral esta investigación es imprescindible.

De Palermo a Belgrano. El nacimiento del definitivo estadio de River.

Corría el año 1923 y el Club Atlético River Plate se muda de La Boca al barrio de Palermo gracias a la gestión del entonces presidente José Bacigaluppi, abandonando para siempre el lugar que lo viera nacer. Se alquilaron los terrenos donde estaría el antiguo estadio de Avenida Alvear y Tagle a las autoridades del Ferrocarril Pacífico a partir de 1922 y por un lapso de cinco años, con opción a otros cinco. Nuestra institución se instalaría allí hasta el 5 de Diciembre de 1937, cuando el primer equipo jugara su último partido oficial.

Ya hacia 1934 era presidente del club Antonio Vespucio Liberti y él sabía que las tierras de aquel escenario de Palermo debían devolverse ya que el contrato de alquiler no sería renovado una vez que concluyera. Y fue así que comenzó a concretarse su sueño: la idea de construir el estadio cuya grandeza representara todo lo que imaginaba para River. Muchos lo tildaron de loco e irresponsable cuando propuso la compra de las hectáreas donde hoy se ubica el Monumental. Decían que eran terrenos inservibles donde nada se podría hacer ya que se habían ganado al río a mediados del siglo XIX, mientras que otros lo apoyaban y lo creían un visionario. Así pues, un Liberti decidido fue por más y el 31 de Octubre de 1934 se firma el boleto de compra y se obtiene la escritura de las tierras: 83.950 metros cuadrados, 35.000 de ellos cedidos por la Municipalidad de Buenos Aires. En 1935 el club llama a concurso nacional de anterpoyectos para el diseño y construcción del que sería el Estadio Monumental, siendo ganadores los Arquitectos José Aslan y Héctor Ezcurra, quienes elaboraron el proyecto definitivo junto a una comisión especial dispuesta por River. El futuro edificio tendría cuatro grandes tribunas separadas entre sí, íntegramente hechas en hormigón armado, con capacidad para 30.000 a 40.000 espectadores cada una, logrando así una supercapacidad de 120.000 personas, la mayoría de ellas de pie en gradas populares.

El 25 de Mayo de 1935 se colocó la piedra fundamental en el predio de Avenida Centenario y Río de la Plata (hoy, Figueroa Alcorta y Udaondo), mientras que el 1 de Diciembre de ese año la Comisión Directiva presenta a los socios en Asamblea Extraordinaria los planos aprobados del estadio y la reseña detallada de las obras a realizar. Ya con el Doctor Julio Degrossi como presidente, el 27 de Septiembre de 1936 comenzaron los trabajos relativos a la construcción gracias a un préstamo de 2.500.000 pesos otorgado por el Banco Hipotecario Nacional a través de un decreto del Presidente de la Nación, Agustín P. Justo, que permitía financiar el 55,81% del total del proyecto. La obra tuvo que reducirse a sólo tres de las cuatro tribunas proyectadas ya que el costo final del edificio era de 4.479.545, 80 pesos, y la no ejecución de la grada que da espaldas al río redujo esa cantidad a unos 3.000.000. Los 500.000 pesos de diferencia con el préstamo se salvaron en parte con las donaciones de bolsas de cemento hechas por socios e instituciones de diversas provincias, entre las que se destaca el Club Atlético Belgrano de Córdoba. Durante veinte meses, la Empresa Argentina de Cemento Armado levantó 50 kilómetros de gradas gracias a los 26.000 metros cúbicos de hormigón que se utilizaron junto con las 3000 toneladas de acero provenientes de Europa.

La inauguración del estadio se dividió en dos días. El miércoles 25 de Mayo de 1938 cerca de 8000 personas presenciaron la entrega de una bandera argentina y otra del club costeadas por un grupo de asociados, y entonaron el Himno Nacional y la marcha de River Plate. De esta forma se oficializó la puesta en funcionamiento de las instalaciones. Al día siguiente, jueves 26, 70.000 espectadores fueron testigos de la fiesta inaugural, con desfiles de ex presidentes, ex campeones del club y representantes de cada deporte, completando la gran tarde con un encuentro amistoso contra Peñarol de Montevideo, el cual finalizara 3 a 1 en favor de River. Tres días después, el 29 de Mayo, se disputó allí el primer partido oficial que terminó con derrota Millonaria por 4 a 2 frente a Independiente, mientras que el primer triunfo oficial de local se dio el 26 de Junio de ese año, frente a Ferro y por 2 a 1.

Y fue así que comenzó a concretarse su sueño: la idea de construir el estadio cuya grandeza representara todo lo que imaginaba para River

Veinte años después, hacia 1958 y gracias a los 10.000.000 de pesos obtenidos por la venta de Enrique Omar Sívori a la Juventus, se logra cerrar parcialmente la herradura con la construcción de los niveles bajo y medio de la cuarta tribuna. La capacidad del Monumental ya rondaba los 100.000 espectadores. Y el monstruo seguiría creciendo…

La mentira de los milicos.

El 6 de Julio de 1966 en un Congreso FIFA celebrado en Londres se eligió a nuestro país como anfitrión de la Copa del Mundo 1978. Entre los años 1974 a 1976 la tarea de organizar dicho acontecimiento recayó en el Ministerio de Bienestar Social a cargo de José López Rega, pero con el cambio de gobierno a tan solo dos años de este torneo esa responsabilidad fue asumida por el Ente Autárquico Mundial 78, encabezado por el Almirante Carlos Lacoste.

Muchas veces hemos escuchado decir despectivamente que “la cancha de River la hicieron los milicos”. Nada más alejado de la verdad. Durante los años anteriores a la llegada del gobierno militar la Argentina recibió la visita de funcionarios de la FIFA, entre ellos Joao Havelange, su presidente, quienes vinieron a ver los estadios que se postulaban como sedes y a interiorizarse sobre las obras de infraestructura y comunicaciones que obligatoriamente se debían hacer. Fue así que visitaron varios escenarios mientras los dirigentes de algunos clubes buscaban apoyo político y en AFA para que los suyos fueran elegidos. Finalmente, luego de una dura puja, FIFA dio el visto bueno para remodelar los estadios de River Plate, Vélez Sarsfield y Rosario Central, mientras otros quedaron definitivamente al margen. De esta forma se determinó que los tres escenarios mencionados serían completados y remodelados a nuevo mientras otros tres se construirían desde cero en otros lugares del país, que resultaron ser Mar del Plata, Córdoba y Mendoza. Por ende, las únicas sedes hechas íntegramente por los militares fueron precisamente estas últimas.

Desde comienzos de la década del 70 el prestigioso periodista Dante Panzeri aseguraba que el Monumental debía ser el estadio principal del Mundial 78. No había otro escenario que se pudiese comparar con él en comodidad y capacidad. Nunca lo hubo. La única amenaza provino de Alberto J. Armando, presidente de Boca en aquellos años, quien no toleraba la idea de ver el protagonismo que tomaría nuestra casa a nivel internacional e hizo todo lo posible para levantar una nueva Bombonera en los terrenos de la Ciudad Deportiva xeneize, con capacidad para 120.000  espectadores. Pero su sueño nunca se realizó a pesar de haber recibido el apoyo político que siempre tuvo ya que tan solo llegó a construir una tribuna de 30 metros de largo y 8 escalones de alto. Lo que pensaba inaugurar en 1975 se convirtió en su peor fracaso. Ya nada se interponía entre el Monumental y la decisión de que sea la sede principal de la Copa del Mundo 1978. Es que nuestra casa fue concebida para que sea el Estadio Nacional, el cual en lugar de estar bajo la órbita del estado estaría administrado y mantenido por una institución deportiva, lo que llevó a los dirigentes de River a no dudar que sería elegida para ser el más importante escenario de ese Mundial, independientemente de quién gobernara la Argentina, ya que la idea de remodelarla estaba vigente desde comienzos de los años 70.

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Muchas veces hemos escuchado decir despectivamente que “la cancha de River la hicieron los milicos”. Nada más alejado de la verdad.

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Las reformas se realizaron entre 1976 y 1978 merced a un préstamo que el gobierno militar le hizo a River y que el club debió pagar con el paso de los años. Nunca se supo cuánto costó remodelar nuestro estadio ni tampoco cuánto dinero se tuvo que devolver al estado. Lo cierto es que ese dinero se pagó con muchas dificultades producto de la inestabilidad de la moneda nacional a fines de los 70, lo que al club le generó un grave problema económico que continuó durante los primeros años de la década siguiente.

Los trabajos de remodelación dejaron al Monumental tan hermoso como nunca se vio. Se construyó la bandeja superior de la cuarta tribuna, la Almirante Brown (hoy, Sívori), lo cual elevó a 70 kilómetros la longitud de las gradas. Se le instaló tecnología desconocida en este país, como los antiguos tableros Autotrol, uno en cada tribuna, siendo el mayor el que está precisamente detrás de la Sívori. Se incorporó un nuevo sistema de iluminación, llamado banda luminosa, en forma de corona, constituido por 216 reflectores, y se le dio una nueva fisonomía en colores rojo, verde, anaranjado, ocre y blanco tiza, que le dieron un aspecto absolutamente diferente y moderno.

Por desgracia, Liberti no llegó a verlo así. Murió en 1976. Su obra se convertiría dos años después en uno de los pocos estadios del mundo que fueron sedes tanto de la inauguración como de la final de una Copa del Mundo FIFA.

El 29 de Noviembre de 1986, un día después de cumplirse una década de su fallecimiento, nuestra casa fue bautizada con su nombre. Desde entonces se lo llama Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti.

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