Nota de tapa

El hombre que probó a Messi en River

Se llama Eduardo Abrahamian, fue defensor de River en tres temporadas, trabajó durante años en las Divisiones Inferiores y tuvo el privilegio de probar a Lionel Messi en River. Por qué se frustró el fichaje. Un recorrido apasionante por la “canchita” donde el crack jugó con la banda puesta.

Por Facundo Pastor – (@facupastor)
Producción fotográfica: Federico Peretti (@fedeperetti)

 

Eduardo camina con un dejo de tristeza. En sus gestos se advierte una herida abierta que nunca terminará de cicatrizar. Pasaron 14 años de aquella tarde donde su vida hubiera cambiado para siempre. Pero el destino le jugó una mala pasada. Aquel día fue el único que confió en un chiquilín descollante que llegaba de Rosario para probarse en las Divisiones Inferiores del club más grande de la Argentina. Eduardo había llegado a jugar en la Primera de River Plate en años gloriosos. En 1979, el millonario se consagraba campeón en los torneos Nacional y Metropolitano. En 1980, ganaba el torneo Metropolitano, logrando así el segundo tricampeonato de la historia del club: Ramón Díaz, Leopoldo Luque, Ubaldo Fillol, Alberto Tarantini, Emilio Commiss, Norberto Alonso y José Luis Pavoni fueron algunos de los integrantes de los planteles que integró este hombre que hoy mira al Monumental de lejos. En 1981, tuvo el honor de ser dirigido por Don Alfredo Di Stéfano que había reemplazado a Angelito Labruna, ganador de seis títulos como técnico riverplatense.

El Turco Abrahamian fue en la historia millonaria un defensor ferreo y potente, pero tiene un galardón oculto que pocos hinchas conocen. Fue el hombre que probó a Lionel Messi en River. El mismo que apostó a su contratación sin suerte. El que llegó a convivir durante una semana con la Pulga y le vió hacer 16 goles en una práctica. Si hubiera sido por él, lo hubiera amarrado a un poste del club para no dejarlo escapar. Pero el ídolo se le escurrió entre esas manos gigantes, hoy ajadas por el paso del tiempo. Quizás fue la burocracia dirigencial, quizás la falta de confianza en los hombres que conducían las Inferiores. De una u otra manera el pueblo millonario se perdió una oportunidad histórica que sin dudas, hubiera signado la vida institucional de River para siempre. “Messi está hecho para River y River para Messi”, pensó Eduardo cuando lo vio moverse por la canchita que ahora recorre nuevamente. Jamás había querido volver a ese lugar dónde tantas mañanas entrenó a los “pibes de la Pre-Novena”. Como sucede con esos viejos investigadores policiales que guardan en su haber un crimen sin resolver, Eduardo mira con nostalgia el escenario que lo hubiera catapultado a la elite del fútbol mundial. Por momentos, recorre esa “canchita” con la misma energía con que lo hacía entonces. Se para en el medio campo, gesticula y no deja de señalar el arco dónde según él, Lio Messi se cansó de convertir.

Cuando lo vi, le dije que jugaba muy bien, que no había jugadores como él en la categoría. El chiquito me deslumbró.

Revista 1986 recorrió junto al Turco el predio de la UBA donde Messi intetó entrar en la historia de nuestro club. Con el imponente estadio Monumental de fondo, el profe se emociona para darla rienda suelta a una charla imperdible. “Yo siempre les decía a los chicos. Acá en esta cancha entrenamos. Acá empieza la carrera de ustede,s pero lo importante es llegar a jugar allá, en glorioso Monumental”, dice señalando al norte.

Revista1986: – ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué Messi no pudo jugar en River?

Eduardo Abrahamian:La historia es larga, pero comienza un día cuando se me presenta Lionel junto con un compañero, de apellido Giménez. Los dos llegaron para hacer la prueba acá en River. Por aquella época entrenabamos en Ciudad Universitaria y entonces, hicimos una práctica de fútbol. Puse de un lado al equipo que jugaba el campeonato de AFA y del otro lado, a los suplentes, entre los que incluí a Lionel y a Giménez. Uno jugaba de 10, que era Lionel, y el otro, de 9. Hicieron una práctica extraordinaria. Fue descomunal. Entre los dos hicieron 22 goles.

1986: -¿Cuántos goles hizo Messi?

E.A:La práctica duraba cerca de una hora y media. Messi habrá hecho 16 goles, pero hay cinco más que fueron de Giménez cedidos por Lionel.  El partido fue terrible. Jugaba el equipo de Pre-Novena que iba a jugar ese domingo por el campeonato de AFA y del otro lado, jugaban los chicos que posiblemente, iban a ir al banco de suplentes más Lionel y Giménez, que venían a probarse. La verdad es que  me deslumbraron los dos.

1986: – ¿Qué fue lo primero que le llamó la atención de Messi?

E.A:La habilidad y la velocidad para encarar al rival. Y al ser un chiquito que no tenía una contextura física muy grande, me llamó la atención su actitud dentro de la cancha, cómo jugaba al fútbol y sobre todo, cómo no sentía temor contra los más grandes. Lo que más me impactó fue la habilidad en velocidad, los cambios de ritmo que tenía con pelota y las definiciones.

1986: ¿Cómo podemos reconstruir aquellos días? ¿Vino acompañado del padre? ¿Cómo habían llegado a River?

E.A: –Los dos vinieron con los papás. Fue por intermedio de Federico Vairo. Él era de Rosario y los trajo para que les hagamos una prueba. Nunca me había dicho de las condiciones de Lio, pero cuando lo vi, le dije que jugaba muy bien, que no había jugadores como él en la categoría. El chiquito me deslumbró.

1986: ¿Insistimos, entonces qué fue lo que pasó?

E.A:Yo traté de que ellos se queden toda esa semana. Y lo logré. Terminaron viniendo a tres prácticas. El primer partido fue un martes, después el miércoles y el viernes. Yo creía que se iban a quedar y por eso mandé a tomarle los datos y hacer una preficha. Ellos eran jugadores de Newell’s y tenían que traer el pase de Interligas. En ese momento, Newell’s no estaba incluido en AFA  (en fútbol infantil),  pero sí en la liga rosarina. Giménez trajo el pase, Lionel nunca vino.

1986: Perdón la insistencia… ¿Por qué?

E.A:Lo único que sé es que quería ver, quería esperar. Faltaba para hacer el fichaje porque vinieron en agosto y hasta que no empezara el otro año no se podía fichar. Algo pasó en el medio.

1986: – ¿Qué hay de cierto en eso de que River no pudo, o no quiso, pagar las inyecciones para que Lionel pueda afrontar un tratamiento de crecimiento?

E.A:No estoy muy al tanto, eso en River pasa por el departamento médico. No está a mi alcance. Si el papá se acercó a algún dirigente de fútbol infantil o del club, yo no lo sé. O si hablo con el departamento médico o pidió algo por alguna necesidad que tenía Lionel, jamás lo voy a aber. Yo cumplí con mi trabajo.

1986: ¿Qué cree que hubiese pasado si hubiesen aprobado el fichaje? ¿Lo veía a Lionel jugando en River?
E.A:Sin dudas, Lionel es el típico jugador para River Plate. Aparte, en ese momento, estaba Gonzalo Higuaín; los dos eran grandes promesas para llegara a los más alto. El tiempo los terminó uniendo. Hicimos jugar a la categoría 86, con Augusto Fernández, contra esa categoría 87 y no se sacaban grandes diferencias por un año. Están los tres juntos ahora en la Selección y eso me genera mucha alegría.

1986: – Volvamos a las prácticas de aquella semana. ¿Cuál fue la jugada que lo deslumbró?

E.A:Para mí fue todo maravilloso. Inolvidable. Él jugaba de 10. Agarró una pelota en un costado, siendo chiquito, la paró y encaró. Se sacó dos jugadores de encima en una baldosa  y después, fue a encarar a los delanteros, metió cambio de ritmo y la cruzo al otro palo. Fue un gol de locos, no se podía creer. Lo que pasa es que te lo cuento y es una cosa, hoy lo podemos ver porque lo hace en una cancha, ahí tenía 12 años; hay que tener esa inteligencia para jugar al fútbol. No es normal encontrarlo en los chicos.

1986: – En el paisaje de esta cancha es inveitable mirar hacia el Monumental que se alza imponente ante nuestros ojos. ¿Qué decía Messi de eso?

E.A: Yo siempre les decía a los chicos: ‘Acá entrenamos, acá jugamos, acá empieza su carrera de jugadores de fútbol, pero lo importante es jugar en el Monumental’.

1986: Y Messi no pudo…

E.A:Lamentablemente, no pudo jugar para River. Yo hubiese querido verlo jugar en la Primera. Aunque por ahí duraba poco, como paso con Higuaín que  cuando debutó lo disfrutábamos poco. Pero hubiese sido una alegría.

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1986: ¿Cómo cree que le hubiese sentado la camiseta, el manto sagrado?

E.A:Yo creo que hubiese sido un gran paso para él, para llegar hasta donde llegó, porque tampoco se le hizo fácil en España. Hay que pelearla un poco más, el fútbol es de otra manera, se mide de otra manera. Acá él hubiera hecho una carrera meteórica, sin tanto sufrimiento de chico. River le hubiera puesto su historia a disposición.

1986:¿Cuál fue el momento donde se dio cuenta que ese chico que empezaba a triunfar en Europa era el mismo que usted había probado en River?

E.A:Yo lo seguí siempre en silencio. No soy de dar notas, no me gusta, pero cuando me enteré de que se lo llevaban al Barcelona, pensé que había  utilizado esa práctica para llegar allá. Aprovecharon y dijeron: ‘Si River lo quiere, por qué no probamos primero con el Barcelona’. Me dio un poco de bronca, pero me pone contento por el jugador.

*Nota publicada en junio de 2014 en la edición #32 de Revista 1986. Pedila en tu casa para coleccionarla entrando acá.

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