medioNota de tapa

El sueño de un chico llamado Enzo

Un informe revelador que repasa la vida de película de un jugador que dejó todo para cumplir su sueño: vestir el manto sagrado y poder jugar un mundial. El fanatismo familiar por el millonario. La adoración por Francescoli.

Por Germán Balcarce

La plata va y viene. Es una frase trillada, utilizada hasta el hartazgo, pero que realmente se ve reflejada tarde o temprano en la vida de cada uno. Enzo Pérez puede dar fe de ello. Pasó de una infancia humilde, incluyendo la dificultad de no tener para comer en más de una ocasión, a que su pase de Benfica al Valencia costara nada menos que 25 millones de euros. Dejó atrás noches de hambre para transformarse en una figura de elite, con un contrato repleto de cifras. Y, sin embargo, el dinero quedó relegado a un segundo plano cuando supo que River pretendía contar con él. Aunque la directiva del Valencia le acercó diversas propuestas económicas, imposibles de igualar para el fútbol argentino, él se puso firme: “Yo quiero jugar en River, no importa qué oferta venga”.Palabras más, palabras menos, ese fue el mensaje de este jugador todoterreno para forzar su salida a El Más Grande y cumplir ese sueño que veía tan lejano. En Núñez también extremaron esfuerzos, sin hacer locuras financieras, y lograron concretar la operación de mayor importancia en este libro de pases, a cambio de 2.250.000 euros. Un monto elevado para los números del Millonario, pero razonable por un jugador de categoría mundial y dispuesto a dejar hasta la última gota de sudor por el manto sagrado. La plata va y viene.

Nació en 1986, año glorioso para la historia millonaria.

HERENCIA FAMILIAR. Enzo Nicolás Pérez es hijo de Carlos, un fanático de River y de Francescoli. Tanta admiración le causaba el Príncipe como jugador que así bautizó a su primer hijo, el protagonista en cuestión, nacido el 22 de febrero de 1986. A más de mil kilómetros del estadio Monumental, la pasión por la banda roja siempre estuvo latente para el humilde albañil, quien tres décadas después puede decir con orgullo que su primogénito vestirá el manto sagrado. Mendoza es de River y Enzo Pérez de ninguna manera es la excepción. Más allá de esta oportunidad única en su carrera futbolística, decidió que su primer hijo también llevara el mismo nombre de pila: Enzo Santiago. Como si se tratara de una herencia ineludible, la adoración por el uruguayo va de generación en generación. De hecho, el flamante volante del Millonario se dio el gusto de conocer en el año 2010 a su ídolo, tras un entrenamiento en Estudiantes de La Plata. De acuerdo a la maravillosa historia reconstruida por El Gráfico en aquel momento, Pérez bromeaba siempre con su técnico, Leonardo Astrada, para que le presentara al astro. Sin aviso previo, un día hubo sorpresa en el vestuario del country City Bell, donde el Enzo más joven quedó asombrado, prácticamente en silencio, ante la figura del mismísimo Enzo Francescoli. Creer o reventar, en este 2017 ya compartieron varias conversaciones y días de convivencia en Orlando, lugar elegido para la pretemporada del conjunto que dirige Marcelo Gallardo. Como si el nombre no fuera suficiente carta de presentación para entender la pasión de Pérez por La Banda, cada vez que pudo fue hasta Figueroa Alcorta 7597 para alentar al equipo. Y así como apareció en las buenas -por ejemplo, estuvo como hincha en River 3 – Boca 1, el 8 de octubre de 2006-también, acompañó en las malas: estuvo en un palco el 23 de junio de 2012, cuando River concretó su vuelta al sitio del que jamás tendría que haberse ido. La pasión promete seguir por varias generaciones más.

DE MAIPÚ AL MARACANÁ. El año 2002 fue muy frustrante para la historia del fútbol argentino. Las esperanzas por conquistar el Mundial se escaparon como agua entre las manos. Entre lágrimas y horas de sueño perdidas, la Selección Argentina quedó eliminada en la primera fase de Corea-Japón. Mientras tanto, ese mismo almanaque reflejaba el debut inadvertido de un adolescente de apenas 15 años en la competitiva, aunque modesta, Liga Mendocina de Fútbol. Un enganche llamado Enzo Nicolás Pérez hizo su estreno para Deportivo Maipú, cuyo mayor logro fue participar durante seis temporadas ininterrumpidas en la B Nacional. El mediocampista duró pocos meses en la versión local del Botellero, tras haber llegado con apenas 11 años y luego de jugar en clubes de barrio como San Eduardo, Petroleros y Banco de Mendoza. Es que Daniel Oldrá, un hombre clave para el crecimiento definitivo de Godoy Cruz a nivel futbolístico, decidió llevarlo al Tomba para sumarse al plantel en la segunda categoría. Triunfó en el club cuyano, dio el salto a Estudiantes de La Plata, fue figura en Benfica (Portugal) y, tras algunas chances con la Selección Argentina, participó nada menos que de Brasil 2014. Alejandro Sabella, que tuvo el privilegio de dirigirlo en el Pincha, conocía bien sus características todoterreno, por eso, no solo le dio un lugar en la lista de 23 jugadores, sino que además, poco a poco le otorgó rodaje desde cuartos hasta tenerlo entre los once iniciales para la inolvidable, aunque triste, final ante Alemania en el estadio Maracaná. Pérez jugó hasta los 41 minutos del segundo tiempo, cuando Fernando Gago lo reemplazó. Lamentablemente, el sueño de todos no pudo ser, pero el experimentado mediocampista alcanzó un sitio de privilegio desde una liga que ocupa el sexto orden en las categorías del fútbol nacional.

El día que conoció a Francescoli se quedó en silencio. No supo qué decir.

PROTAGONISTA SIEMPRE. Enzo Pérez fue importante en cada equipo que integró. Nunca pasó inadvertido. De una manera u otra siempre se convirtió en una pieza indispensable. Desde sus comienzos en Deportivo Maipú hasta la complicada campaña del Valencia, pasando por Godoy Cruz, Estudiantes de La Plata, Benfica y la Selección Argentina. Ahora tiene el desafío de ganarse un lugar en River, misión que cobra un valor extra al tratarse del club de sus amores. Pero antes de repasar qué piensa el Muñeco en torno al mendocino, es inevitable realizar un repaso por su carrera futbolística. Surgió como enganche en el Botellero, donde rápidamente, cautivó el interés del Tomba para el trampolín sin escalas a la B Nacional. Demostró condiciones técnicas, adaptación a diferentes puestos y circunstancias e inteligencia para llegar al gol por diferentes caminos: en la B Nacional, desde 2003 hasta 2006, jugó 52 partidos oficiales y señaló 8 goles. Logró el ascenso a Primera División, exhibió un rendimiento positivo -disputó 32 de los 38 encuentros, con 5 tantos-pese a la pérdida de categoría y, luego de sostenerse su nivel nuevamente en las canchas de todo el país, dio el salto hacia Estudiantes. Poco a poco empezó a imponer su repertorio hasta ser parte de la formación habitual que ganó nada menos que la Copa Libertadores de América en el año 2009: aportó dos goles en esa campaña para el libro dorado del club platense. Tenía destino europeo inexorablemente, sin siquiera pasar por uno de los cinco grandes. Benfica pagó US$ 3.500.000 por el 50% de su pase -porción que le correspondía al Pincha-, a mediados de 2011. En Portugal no fue nada sencilla la adaptación futbolística durante el primer tramo de la temporada (tan solo intervino en cuatro compromisos), al punto que fue cedido por seis meses a Estudiantes para afrontar el primer semestre de 2012: sumando todas las competencias y ambos ciclos, reunió 177 juegos y 18 gritos -a Boca le hizo uno que festejó con énfasis en septiembre de 2009-, además de obtener dos títulos (la Copa y el Apertura 2010), ambos bajo la dirección técnica de Sabella. Una vez concluida la cesión en la institución de la ciudad de las diagonales, retornó completamente fortalecido a Europa y se hizo titular indiscutido durante sus 30 meses: registró 102 presentaciones y 10 goles. Obtuvo cinco títulos, dejando atrás ese inicio flojo para convertirse en un jugador fundamental. Valencia tomó nota y desembolsó nada menos que 25 millones de euros, la tercera inversión más elevada en la historia del conjunto ‘che’. Sumó 75 partidos oficiales al cabo de dos años y medio, transformándose en un volante recuperador. A tal punto modificó su gen futbolístico que, raro en él, no marcó goles, pero tampoco se caracterizó por jugar al límite de la roja: apenas una expulsión. Y si bien su salida fue forzada, a raíz del deseo que tenía de ponerse la banda roja, cumplió un papel fundamental en la lucha por evitar la pérdida de categoría. Así se despidió de España para incorporarse a River, donde hay muchas expectativas por su repertorio de variantes.

Estuvo en un palco, el 23 de junio de 2012, cuando River concretó su vuelta al sitio del que jamás tendría que haberse ido.

UN VOLANTE MODERNO. Es una suerte de llave maestra. Enzo Pérez puede aportarle un catálogo de soluciones a Gallardo. Posee herramientas para distintos momentos de un partido e inteligencia táctica al servicio del equipo. Atrás quedó su época de mediocampista netamente ofensivo por los costados o hasta acompañando a un punta definido. De hecho, lleva 80 partidos oficiales sin hacer un gol oficial: el último fue de penal, el 6 de diciembre de 2014, cuando Benfica venció 3-0 a Os Belenenses. Demasiado tiempo para un hombre que siempre convivió con el grito universal. Pero de acuerdo a la idea del Muñeco, todo indica que pronto se terminará esa racha. Según lo ensayado durante la pretemporada en Estados Unidos, el DT piensa en Enzo como un interior derecho. En criollo, un volante mixto, capaz de colaborar en la marca y pisar el área rival, como desea Napoleón. Su zona de partida en los entrenamientos y amistosos fue unos metros delante de Leonardo Ponzio, en paralelo con Ariel Rojas, formando una suerte de triángulo por adentro, dejándole las bandas a Ignacio Fernández y Gonzalo Martínez. En ese contexto, Pérez marcó un tanto en el amistoso informal contra Soccer Institute at Montverde Academy. Sin embargo, el técnico quiere llevarlo poco a poco para que entre en ritmo de competencia, tras la inactividad que produjo el largo receso después de culminar su participación en la liga española. “Es un jugador de Selección y de nivel internacional, nos va a aportar muchísima jerarquía. Se tiene que acoplar al fútbol argentino, que siempre es difícil. Él venía acostumbrado a jugar más retrasado, casi de número 5, acá lo estamos haciendo jugar 20-30 metros adelante. Se tiene que volver a acostumbrar”, analizó el DT. Mientras tanto, Enzo ilusiona a todos. Su arribo implica la cuota de nivel necesaria para seguir fortaleciendo el funcionamiento de un River que aspira a levantar la Libertadores, algo que el mendocino de 31 años ya experimentó en Estudiantes y busca repetir vistiendo nada menos que la banda roja.

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