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Adiós al hombre que trajo a Enzo

El martes murió Puchero Varacka. Tenía 86 años. Disputó la Copa del Mundo de Suecia 1958 e integró el cuerpo técnico en Alemania Federal 1974. Un informe de Revista 1986 repasa el perfil de un hombre que nunca pudo quitarse de encima el peor estigma del fútbol.

Por Adrián Dalmasso (@AdrianDalmasso)

El mundillo del fútbol, ese tumulto que mezcla códigos y chusmerios en partes iguales, nunca desmintió la fama de mufa que acompañó a José Varacka durante toda su carrera. Todavía existe mucha gente que cree en esas cosas y, a juzgar por su corto paso en River Plate, Puchero no podrá hacer mucho para refutarla. Así como los futbolistas tienen momentos de esplendor y recaída a lo largo su carrera, con los entrenadores pasa lo mismo. Con 51 años de edad, el José Varacka que llegó a River a principios de 1983, no era el mismo Director Técnico promisorio que había debutado más de una década atrás en Gimnasia de La Plata. Aragón Cabrera lo había llamado para ocupar una silla que ardía tras las frustradas experiencias de Di Stéfano, Cap, Pistola Vázquez y Ramos Delgado, y tenía una misión difícil de cumplir: Levantar a River de la mediocridad que lo había embargado durante toda la temporada de 1982. A los pocos meses se dio cuenta que el tiro le había salido por la culata.

Dos caídas en 15 días ante Boca terminaron de decidir una suerte que de antemano parecía ya echada.

Varacka debutó en River la tarde del 13 de Marzo de 1983 ante Loma Negra de Olavaria. Fue triunfo 1-0 con gol de Jorge García de penal. Ese Nacional mostraría lo poco de interesante que tuvo su gestión en Núñez. Trató de conformar un cuadro sólido, basándose en la experiencia de Fillol, Tarantini, Saporiti, Gallego, Comisso y Merlo, para sumarle la cuota de desequilibrio que prometían las llegadas de Francescoli, Bica y Trossero. Mas allá de una bochornosa caída 1-2 ante Andino en el Estadio de Vargas de La Rioja, el equipo pasó de ronda, alcanzó un poco de vuelo con la promocionada llegada de Enzo y fue eliminado sin pena ni gloria en la cancha de Vélez en los cuartos de final por el Argentinos Juniors de Ángel Labruna, con un tanto del Panza Videla.

River trató de encontrar en él un guía, un baqueano de mil batallas para escapar de la tempestad. Hizo lo que pudo.

Desde la segunda mitad del 83 el hierro caliente se volvió insostenible. A poco de comenzado el Metro, el plantel entero se le reveló a la dirigencia y montó una huelga para cobrar sus sueldos. En el ojo de la tormenta, Varacka acató la decisión de Aragón Cabrera de incluir juveniles. Cuando los profesionales volvieron, tras 7 partidos jugados con la cuarta, ellos y el cuerpo técnico tenían toda la gente en contra. River jugaba horrible, no le ganaba a nadie, peleaba los últimos puestos, estaba lleno de deudas. Si el panorama les parece familiar, descarten de plano la coincidencia. Dos caídas en 15 días ante Boca (1-2 en Núñez, 0-1 en Vélez) terminaron de decidir una suerte que de antemano parecía ya echada. Luego de 8 meses de turbulencia, Varacka era eyectado de Núñez con el edificio en llamas.

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Luego de una espléndida y prolongada carrera como futbolista en Independiente, River y la Selección, Varacka debutó como entrenador en GELP en el 68. Su perfil de líder serio y con personalidad lo llevó a Boca en 1972. Sin embargo, sus mejores años como técnico los vivió en tierras colombianas, donde dejó un gran recuerdo en Junior de Barranquilla, ganando dos títulos de liga. Junto a su compadre Vladislao Cap, entrenó el equipo Argentino que jugó el Mundial de Alemania 1974. Se liberó de supuestas auras mufosas en 1981 cuando su Argentinos Juniors mandó a la B a San Lorenzo en Caballito. River trató de encontrar en él un guía, un baqueano de mil batallas para escapar de la tempestad. Hizo lo que pudo. Y lo que pudo, fue realmente muy poco.

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